9. El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien. No deberían asombrarnos entonces algunas expresiones de san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14); «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co 9,16).
-----------------
De qué sirve la vida si no es para entregarla…
La vida de un cristiano debe consumirse poco a poco tratando por todos los medios de hacer el mayor bien posible, sin ruidos y a veces sin excesivas palabras y en cosas pequeñas, cotidianas, en nuestro matrimonio, con nuestros hijos, con las personas próximas que nos necesitan. Debe morir un poquito cada día por algo, herirse para dar vida al otro porque es lo cristiano. El que vive odiando muere odiando; pero el que vive amando muere amando. Vivir para amar en Cristo es vivir para ofrecer lo que uno tiene, con mis defectos, con mis cualidades: eso es lo que tengo y eso es lo que Te ofrezco. Vivir al máximo de entrega o por lo menos intentarlo es el signo de un verdadero discípulo de Dios.
Pero esa entrega no es reconocida ni aprendida si no es desde la alegría en Cristo, de reconocer su mirada en nuestro corazón para desde El y sólo desde El, proyectar ese amor recibido hacia los demás. Y eso lleva a la Paz de Cristo que arrastrada por su amor lleva siempre al bien.
El bien viene desde el agradecimiento más profundo para saber darlo todo y un poco más; como la metáfora que dijo nuestro Señor de aquel que cogió al samaritano que fue asaltado, lo montó en su borrico y lo llevó a una posada para que lo acogieran y si faltaba algo él lo pagaba. Da todo y un poco más. ¿No es ese Cristo?
Nuestro encuentro personal con Cristo no pasa nunca desapercibido, siempre nos sucede algo, su alegría en su palabra no pasa inadvertida en nuestro corazón y hace que no nos podamos callar porque si no reventamos de gozo. Para el que encuentra, el apostolado no es una virtud, una cualidad propia, sino una necesidad imperiosa.
Por eso la alegría en comunicar lo encontrado es consecuencia del amor. Es como si fuera el brillo que surge cuando hay amor. Y ese brillo se ve. La alegría es tanto mayor cuanto más amor hay. Es tanto mayor cuanto más noble es lo que se ama que es hacer el bien siempre. Si nos gusta alguna cosa, un árbol, un paisaje, una montaña, nos agrada y nos alegra verlo. A un amigo se le ama mucho más, por lo que la alegría es también mayor. Pero no hay mayor alegría que cuando uno ama a Dios.
La alegría mas grande está en el amor mas grande: el amor que Dios nos tiene. Cuando alguien reconoce que Dios le ama esa es la mayor alegría. Nada se oculta ante la alegría de saberse amado por Dios porque cuando uno se aparta de este amor viene la tristeza que es el pecado. Y porque ese amor no se oculta, es por lo que se transparenta para darlo gratuitamente, "y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás". Se libera de sí mismo, y en su renuncia siente la compasión por los demás, que viene exclusivamente del amor de Dios. Estar liberado para estar atento en trabajar haciendo Su voluntad. Esa debe ser nuestra elección que llevará a nuestra plenitud.

No hay comentarios:
Publicar un comentario