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jueves, 19 de diciembre de 2013

Francisco: «los santos no son superhombres» y anima a buscar la santidad «a contracorriente»




 "Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto" (Mt 5,38-48)

 Si algo me atrae de los santos es su lucha interior por sobreponerse de sí mismos para que el que gane siempre sea Dios. Ese esfuerzo siempre nos llevará a la santidad. La renuncia, la herida que debe salir por el amor hacia los demás sólo viene dada por un corazón tierno, sencillo y humilde a los ojos de Dios Padre.
Jesús, haciéndose hombre y llevando una vida normal como la nuestra durante treinta años, nos enseña que ser santos se alcanza en lo normal. Ser santo no es hacer cosas raras: el santo es quien se esfuerza por sonreír y reconoce humildemente que no ha podido, se ríe de él mismo, pide ayuda y se lo propone de nuevo al día siguiente, más apoyado en la ayuda de Dios que en sus propias fuerzas.
Lo pequeño, o lo pequeñísimo, es importante. ¡¡¡Eso sí puedo ofrecérselo a Dios!!! Lo importante es que los demás, el prójimo vea en tus ojos esa lágrima de la alegría de Cristo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

1. Exhortación Evangelii Gaudium


No hay duda que Evangelii Gaudium va directamente dirigida a nuestros corazones. Es otro despertar nuevo en la iglesia, un nuevo desafío. Una nueva brisa que rasga todos los estamentos de nuestras comunidades. Seguro que el Señor lo quiere así: que despertemos, que nos impulsemos de nuevo apoyados en su espíritu para dar sentido a nuestra fe para con los demás según nuestra capacidad dada.
Pero también lo que a mi me va suscitando esta exhortación es ¿cómo va a haber alegría si no hay esperanza detrás de ella?
No hay esfuerzo añadido a nuestro corazón para llevarlo al límite en nuestra vida y que valga la pena como la esperanza. Porque al final lo que nos empuja a seguir caminando en la vida es la alegría del encuentro total con Jesús, con su amor. "Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable". Porque no hay mayor alegría que sentir el amor de Dios, sentirse amado por El. En nuestra vida tenemos alegrías varias y diversas, en cosas que nos encontramos y que nos alegramos por ello, con personas que vemos y nos alegramos mucho más por ello; pero la mayor de todas es nuestro encuentro con el Señor, con su amor. Es como si la alegría en su palabra, en su acompañamiento diario de escucha sincera en la oración, de insistir en dejarnos encontrar con El, de nuestra locura apasionada por compartirnos, por herirnos para los demás, nos hiciera llevar de la mano y que El sólo nos mirara insistentemente y nos dijera: ¡Ánimo, levántate, sigue adelante, que Yo estoy contigo y ya verás como al final estaremos juntos alegres para siempre. Apuesta por Mi, valdrá la pena! "Al que arriesga, el Señor no lo defrauda" dice Francisco.  ¿No es eso lo que diferencia a un verdadero cristiano sino el tener la esperanza de ser auténticos hijos de Dios? Es sólo por Cristo resucitado. Al final mi Fe es eso: la confianza de una esperanza enamorada por fundir mi corazón y mi alma gozosos no sólo algún día junto a Jesús sino ahora, hoy. Y ahora, hoy, hay que  insistir en el caminar sin que se pierda ese tesoro de la alegría y “sin excusas para no anunciar a Cristo” superando día a día nuestros corazones egoístas para trabajar en silencio por el Reino de los Cielos, aunque a veces duela por la incomprensión teniendo sensibilidad por lo que pasa a nuestro alrededor, con los oídos bien abiertos para la escucha y el acompañamiento con humildad y con un corazón sencillo para, no sólo tener esperanza sino dar esperanza y ser auténticos reveladores del amor de Dios.

sábado, 7 de diciembre de 2013

6. ¿Qué milagro haría el Papa Francisco si pudiera escoger uno?

“Una noche se le apareció Yahvé en sueños a Salomón y le dijo: “Pídeme lo que quieras” El joven rey respondió: “Tú pusiste a mi padre David y luego a mí al frente de Israel, tu pueblo escogido, un pueblo tan grande que ya no puede contarse. Lo que quiero es un corazón prudente para poder juzgar sabiendo distinguir entre lo que es bueno y lo que es malo”. (1 Reyes 3:5-9)

“Vosotros buscad, antes que nada, el reinado de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura”. (Mt 6,33)

“Jesús dijo: Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos. Les impuso las manos y se marchó de allí”. (Mt 19:13-15)
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¡Cuántos milagros necesitamos, necesita este mundo! Claro que sí, muchos o al menos unos cuantos: más justicia sobretodo con los más débiles, más solidaridad, más caridad, más misericordia, más amor. ¿No es esto el Reino de Dios?