“Vosotros buscad, antes que nada, el reinado de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura”. (Mt 6,33)
“Jesús dijo: Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos. Les impuso las manos y se marchó de allí”. (Mt 19:13-15)
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¡Cuántos milagros necesitamos, necesita este mundo! Claro que sí, muchos o al menos unos cuantos: más justicia sobretodo con los más débiles, más solidaridad, más caridad, más misericordia, más amor. ¿No es esto el Reino de Dios?
Claro que otros pedirían que yo tenga salud , que yo sea rico, que yo tenga muchos trabajos, o incluso que otros no los tengan. “ Desciende de esa cruz para que nosotros creamos que eres el Hijo de Dios”. (Mt 27:42-43) El mundo necesita pruebas para creer, es más, aun viéndolas ni cree. ¿Pero realmente necesitamos milagros o ni siquiera creemos en los milagros? Si este mundo ni siquiera cree y nosotros, que creemos, ¿no nos estaremos acostumbrando tanto a Dios que no vemos los milagros que hace todos los días? Hasta el mismo sacramento de la eucaristía es todo un milagro. ¿Lo saboreamos como la entrega total de un Dios amor?.
Muchas personas viven siempre amargadas, demasiado angustiadas por los problemas económicos, por la situación en el trabajo o en la familia, incluso objetivamente difíciles. Creen tener el deber de resolver todo solos, olvidando que Dios está siempre presente y nos ayuda. Sin embargo, cuando nos olvidamos de nosotros mismos y volvemos la mirada a Dios, una mirada humilde ¿no somos más felices y tenemos la alegría cuando ponemos en Él nuestra confianza y nuestra seguridad? Sólo Dios basta! Si tuviésemos más fe, y dejásemos a Él el timón de nuestra vida, ¿no veríamos los milagros que hace El todos los días para nosotros? “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis, tocad y se os abrirá” (Mt 7:7-11). Por eso en mi vida, mi experiencia de fe me hace ver que el mayor milagro es el que construye Dios en nuestro corazón, para que desde ese pequeño corazón El pueda hacer los milagros. ¿No pidió Jesus a los apóstoles 5 panes y dos peces para hacer el milagro? Necesitó de nuestra colaboración, de nuestro esfuerzo personal para que El pudiera hacer los milagros según Su voluntad. ¿Cómo podemos pedir milagros de cosas grandes, extraordinarias, si no somos capaces de hacerlas por cosas pequeñas, las del día a día? Francisco acaba de decir: "La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer las ordinarias con amor y con fe". Porque al final las cosas fundamentales y principales de nuestra vida, sólo se construyen con el corazón. ¿No es ese el mayor de los milagros?
El otro día me preguntaron: "¿Cómo sabes que te has encontrado con Jesús? Lo sé, porque El ha dejado en mi corazón su alegría, su paz, su perdón, su salvación, su vida, su amor, su misericordia, su ternura, por eso soy catequista para que tu veas lo que yo veo". Pues yo le pido a Dios este milagro. ¿No es este el milagro más grande para conceder?
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¿Qué milagro haría el Papa Francisco si pudiera escoger uno?
Esa fue una de las preguntas que el Papa Francisco respondió en su reciente visita a la parroquia de San Cirilo de Alejandría en la periferia de Roma, donde confirmó a nueve muchachos habló natural y amigablemente durante unas cuatro horas con una serie de personas del lugar entre niños, jóvenes y padres de familia.
La pregunta se la hizo al Papa uno de los chicos que se prepara para la Confirmación y la respuesta, señala el diario del Vaticano, L’Osservatore Romano (LOR), la dio él mismo de forma "lapidaria" y fue la siguiente: "Curar a los niños, porque me duele mucho ver a los niños que sufren".
Fiesta y frío
Esta visita realizada en medio de un ambiente de fiesta pese al intenso frío, señala LOR, recuerda a la que el Santo Padre solía hacer cuando era Arzobispo de Buenos Aires en Argentina. "El Papa no ha desilusionado ante la expectativas: ha besado a los más pequeños, ha estrechado muchas manos y ha respondido a quien lo llamaba".
El Santo Padre ha saludado uno a uno a los enfermos con abrazos, caricias, sonrisas y palabras de aliento.Algunos incluso lloraban por la felicidad de verlo y tocarlo.
A los niños de la Primera Comunión, el Papa les dijo: "¿Son buenos, saben rezar? Les agradezco estar aquí para pasar estas horas juntos, para conocernos mejor".
A los padres de los niños bautizados durante el año, el Papa dijo que "cuando se les bautiza llevamos a casa no solo a nuestro hijo, sino una semilla de divinidad que debemos hacer crecer".
La fuerza de la paciencia
La paciencia, ha explicado el Papa, es importante para con los hijos "así como es bello dialogar con ellos y enseñarles", pero es más hermosa la conciencia de que con el Bautismo "llega a la casa un signo divino".
Respondiendo luego a las preguntas de los chicos de la Confirmación, una de las cuales era si se considera predilecto de Dios, el Papa contestó: "Para el Señor los predilectos son los niños. Es Jesús quien lo dice y esto es importante".
Sobre su jornada cotidiana, el Santo Padre contó que "yo rezo, luego celebro la Misa y luego comienzo a trabajar" leyendo cartas, documentos y en encuentros con cardenales, obispos, sacerdotes y laicos. El almuerzo es entre mediodía y la una de la tarde, luego el reposo de una media hora y nuevamente el trabajo hasta la noche, señala LOR.
Sobre su primera Misa como Papa, Francisco dijo que "¿tenía ansias? Sí. Un poco, sí, pero la gente era buena. Pero es cierto: tener tanta gente delante da un poco de miedo. Me siento bien realmente. El Señor me ha ayudado a ser sacerdote, luego Obispo y ahora Papa".
El Papa dijo luego que es importante amar a la Iglesia "rezando siempre, no hablando mal de los otros, porque el chisme destruye la amistad y recibiendo bien a la gente, siempre con una sonrisa".
Los sacerdotes por eso, deben esforzarse por ser amables y buenos, y por eso "hay que rezar mucho por ellos".
Luego de celebrar la Misa de Confirmación, el Papa agradeció "de corazón por su acogida, por su bondad, por su alegría y les pido que recen por mí ¡porque lo necesito!"
"No tenemos que ir puerta a puerta a hacer proselitismo –dijo con palabras de Benedicto XVI– porque la Iglesia crece por la atracción".
El último gesto del Papa fue la bendición de Alessio, un bebé por nacer, y la despedida final a la multitud de personas que estuvieron allí las cuatro horas que estuvo él. A ellos los invitó a amar a la Iglesia, a Dios y a la Virgen, con el augurio de "un buen camino hacia la Navidad para encontrarse una vez más con Jesús".
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