Mi comentario:
“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Francisco.
«Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito, ¡alegraos!» (Flp 4,4).
“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.” (Mt 13:44)
¡Cómo reaccionan las personas del día a día, nuestros vecinos, amigos y familiares o en nuestros encuentros especiales, cuando les hablamos del amor de Dios! Es para describir: unos se agitan y se retuercen; otros se recolocan en su asiento como con calambres; otros se levantan pero siguen oyendo no muy lejos por detrás; otros pasan impávidos sin reacción alguna, en silencio sin decir ni “mu” pero que en su corazón se sienten atraídos por algo, les recuerda algo de su historia de vida y luego hasta te preguntan; otros le salen lágrimas en sus ojos porque les conmueve en su corazón la palabra “amor”, no están acostumbrados a oirla; es verdad que otros se rebelan e intentan acallar, silenciar porque todo lo que huela a Dios o iglesia les incomoda, pero no me importa, no tengo ni miedo ni vergüenza, y nadie me va a quitar mi alegría.
En todos ellos ocurre siempre un acontecimiento: ¡la sorpresa! Dios nunca pasa desapercibido ni de incógnito en aquellos que se dejan amar por El, porque se sienten atraídos por su compasión y misericordia. No es una sorpresa estéril sino transformadora que da fruto. ¿No vemos eso en nuestros cursillos? ¿No vemos su alegría?Francisco dice de una forma mundana: “¡hay que montar un lío!” Vivir en la alegría de nuestro encuentro diario con Jesús debe ser contagiosa, rompedora, nueva, apasionada, coherente, sin atajos pero no puede quedarse en un lugar cerrado, enterrado sino transparentarlo con los dientes bien encendidos y el rostro bien estirado con una sonrisa de oreja a oreja. Lo anterior de la sorpresa es el primer paso. Luego queda lo después que es más duro y difícil: nuestro ejemplo de vida para con los demás, acompañando, no desde la distancia sino involucrándose en sus vidas para ayudarlos a encontrar el camino. Ese estilo de vida es la alegría de Cristo que ya no depende de nosotros sino del Espíritu Santo, alimentándonos en nuestras oraciones, en nuestra relación íntima con nuestro Padre celestial, en su palabra que nos guía, en la eucaristía. No hay tantas cosas y tan grandes que acontezcan en nuestra vida que lo que ocurre en un lugar tan pequeño, tan reducido como es el corazón humano, un corazón de carne donde puede haber cabida hasta un Dios entero.¿No es esto vivir enamorado de Cristo? ¿Vivir apasionados cada minuto en estar con El y para El? Pero hay que estar ahí, en medio del mundo como personas normales, aunque no nos entiendan pero siempre acompañados y fortalecidos para que en nuestros ojos, los demás vean las lágrimas de la alegría por tener el tesoro más grande, el del amor salvífico de Dios.Pues, ¡a compartirlo con Alegría!
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“Es un lenguaje claro, inmediato, sin retórica ni subterfugios, el que escuchamos en esta Exhortación Apostólica”, aseguró el arzobispo italiano.
La primera Exhortación apostólica del Papa Bergoglio, indicaron, es un documento programático y exhortativo, cuya centralidad es la misionariedad sin fronteras, con carácter universal, destacó el Secretario General del Sínodo de los Obispos.
El Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales puso de relieve que su lenguaje sereno, cordial, directo, como viene haciendo desde el comienzo de su pontificado, alienta a “expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad».
“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Así empieza la Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, en la que el Papa Francisco recoge la riqueza de los trabajos del Sínodo dedicado a la nueva evangelización.
“Quiero dirigirme a los fieles cristianos –escribe Francisco - para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” .
Se trata de un fuerte llamamiento a todos los bautizados para que, con fervor y dinamismo nuevos, lleven a los otros el amor de Jesús en un “estado permanente de misión”, (25) venciendo “el gran riesgo del mundo actual”: el de caer en “una tristeza individualista”.
Para evitar equívocos, el Papa Francisco presenta en su orientación: “No tanto los amigos y los vecinos ricos, sino especialmente los pobres, los enfermos, aquellos que con frecuencia son despreciados y olvidados, no deben quedar dudas ni subsistir explicaciones que debiliten este mensaje tan claro”.
En lo que respecta a la dimensión comunicativa del Papa Francisco, la Exhortación Apostólica – señaló el Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales - sigue su estilo y lenguaje coloquial, con su característica profundidad pastoral. Su lenguaje sereno, cordial, directo, como viene haciendo desde el comienzo de su pontificado, alienta a “expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad», como escribe el mismo Santo Padre, que señala también que “es deseable que cada Iglesia particular aliente el uso de las artes en su tarea evangelizadora, en continuidad con la riqueza del pasado, pero también en la vastedad de sus múltiples expresiones actuales, en orden a transmitir la fe en un nuevo lenguaje parabólico“.
El Santo Padre escribe la palabra ‘alegría’ 59 veces, en esta Exhortación Apostólica, que cita 27 veces las proposiciones sinodales.
El Secretario General del Sínodo de los Obispos, puso de relieve la invitación del Papa a ir a las periferias existenciales, su vivencia personal como Arzobispo de Buenos Aires y en la redacción del Documento de Aparecida. Experiencia pastoral, que se enriquece con la piedad popular, que en América Latina y el Caribe, los obispos denominan también “mística popular”.
Entre los puntos citados por Mons. Baldisseri también la urgencia mundial de la dimensión social de la Evangelización, que destaca el Papa Francisco y a la que dedica una parte consistente de su documento, en el que leemos textualmente: “A continuación procuraré concentrarme en dos grandes cuestiones que me parecen fundamentales en este momento de la historia. Las desarrollaré con bastante amplitud porque considero que determinarán el futuro de la humanidad. Se trata, en primer lugar, de la inclusión social de los pobres y, luego, de la paz y el diálogo social”.
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