A
veces hay momentos en que «algo» pasa rápidamente, que si no estamos atentos no nos
damos cuenta lo que quiere transmitirnos Dios.
"Desde
lo hondo a Ti grito, Señor." Salmo 129
Orar
NO es hablar con Dios. O por lo menos no es sólo hablar con El. No. La clave para orar no es sólo comunicarse, sino el ser
consiente de que hay un Alguien que realmente está conmigo, caer en "la
cuenta" de que hay Alguien que está conmigo. Orar no es hablar, es ESTAR.
Más
aún, es estar con Alguien que yo sé que me quiere. Es un modo de estar, de
tener conciencia y perder "mi pudor" en la intimidad, de perder con
ese Alguien mis zonas ocultas de mi ser que nadie conoce, y que son sólo mías
pero las comparto abiertamente, sinceramente con ese Alguien.
Hacer
oración es Estar dispuesto a ceder ese espacio íntimo con ese Alguien que me
desea a mi.
Porque
a veces estar, no es necesario hablar, ni siquiera sentir porque el sentimiento
puede venir o no ser necesario, porque no depende de mi.
Orar
es "un trato de amistad con Alguien que yo sé que me ama". Es pasar
ratos a veces en silencio que yo sé, no que sienta, sino que sé que está
conmigo porque me ama. Es una convicción, una certeza real de mi ser.
Hasta
que yo no sepa que hay alguien conmigo y que me ama, no puedo hacer oración.
Sólo
hay oración si hay pudor y conciencia de pudor, porque tiene algo intimo y es consiente de ello y vive su intimidad. Orar es comunicar
a Alguien que sé que me ama y quiero perder mi pudor ante El que yo sé que me ama
y que quiere estar conmigo. Por lo que sólo desde mi intimidad puedo orar. La
única comunicación plena la tengo con la persona perfecta que es Cristo. Mi
mujer y mis personas queridas hacen lo que pueden, desde la pureza de su amor
imperfecto. Pero el interlocutor que existe como yo necesito comunicarme es
Cristo.
"Desde
lo hondo a Ti grito, Señor.
"Mi
alma espera en el Señor" salmo 129
