Páginas

Curriculum

domingo, 18 de enero de 2015

Aprender a llorar

«Sólo cuando EL lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestro drama»


¡Qué tiernas las palabras de Francisco!
Me conmueven, no puedo dejar pasarlas de largo.
Poner en nuestra vida el corazón, el alma y hasta las lagrimas de amor hace más presente al Dios vivo.
Porque No hay nada más grande en la vida que sentirse acompañado.
Subir, ascender, ir a escondidas para refugiarse en los brazos del Padre y sólo llorar con El. Llorar como un niño que necesita del calor, y la comprensión de su Padre. Sentir entre lágrimas que El me entiende, y sufre conmigo el dolor de la vida, de un determinado momento de nuestra vida.
Llorar para aprender a amar, sintiendo que se es amado, muy amado por Aquel que lloró primero nuestro dolor.
Llorar para amar,
Porque en el amor sólo vale amar,
Amar para entender, amar para comprender, amar llorando... 
amando.


miércoles, 14 de enero de 2015

...O no soy seguidor de Cristo




O aprecio lo que el mundo desprecia, o no soy seguidor de Cristo.
O desprecio lo que el mundo aprecia, o no soy seguidor de Cristo.
O proyecto mi propia existencia de vida a la eternidad, o no soy seguidor de Cristo.
O resplandezco a Cristo en cada acción de mi vida, o no soy seguidor de Cristo.
O siento la Iglesia, y llevo con ella los dolores, las luchas y la injusticia, o no soy seguidor de Cristo.
O me uno y me prodigo por el mundo y por un rostro cercano, o no soy seguidor de Cristo.
O reavivo a María, me alimento por su corazón junto con su hijo, o no soy seguidor de Cristo.
O me desprendo y me pulverizo a mi mismo, y sobre mis cenizas glorifico a Dios, o no soy seguidor de Cristo.
O vivo para compartir y arrastrar hacia Jesús con fe a las personas con las que el Señor me hace tropezar, o no soy seguidor de Cristo.
O soporto las críticas, el odio, las vejaciones e incomprensiones, o no soy seguidor de Cristo.
O me levanto y supero constantemente las avalanchas de desidia, de pereza, de pecado que son las cosas del mundo, o no soy seguidor de Cristo.
O desencadeno mi revolución personal y estimulo la propia contradicción de Cristo, y doy testimonio de El con la unidad de mis hermanos, o no soy seguidor de Cristo.
O vivo para perfeccionarme en el amor a Dios, o no soy seguidor de Cristo.
O participo con todos mis hermanos cursillistas, viviendo en medio de ellos con la comprensión, compartiendo la caridad, la alegria y la comunión, o no soy seguidor de Cristo. 

O Dios es el centro de mi vida, o no soy seguidor de Cristo.


domingo, 11 de enero de 2015

Te he encontrado



¡Te he encontrado en muchos lugares, Señor, casi insignificantes!
Te he encontrado en el silencio más profundo de mi corazón, en el espacio más pequeño, en la penumbra de un Sagrario de cualquier Iglesia vacía que Tu conoces. 
Te he encontrado en el palpitar unánime de una comunidad Cursillista que te ama y llena tus espacios de cantos y de amor.
Te he encontrado en la alegría. Te he hablado sinceramente, allá arriba en la pequeña cumbre luminosa de la Atalaya con ese fondo Montañoso, mientras, atardeciendo y en silencio, bajaba por el camino a casa.
Pero donde siempre te encuentro es en el dolor. Un dolor, cualquier dolor, insignificante dolor; es como el son de aquella campanilla Javeriana que llama al Cursillista a la oración.
Cuando aparece la sombra de la Cruz, mi alma se recoge en mi intimidad y, olvidando el tintineo de la campana, te ve y te habla. Eres Tú que vienes a visitarme. Soy yo que te respondo:«Heme aquí, Señor. Te quiero. Te he querido siempre»
Y en nuestro encuentro, cara a cara, sintiendo tu mirada, mi alma no siente su cotidiano dolor, sino que está como embriagado en tu amor, invadido por ti, impregnado por ti: yo en ti, Tu en mi, a fin de que seamos uno.
Luego, demasiado pronto, abro los ojos a la vida, a la vida menos verdadera, divinamente aguerrido para conducir tu guerra. 🙏

viernes, 9 de enero de 2015

Sólo vale amar


Hay dos cosas que me obligo a mantener en mi intimidad: el amor y el dolor.
Porque el amor es el amor con el cual El me ama, o Se ama en mi, y el dolor es el amor con el cual yo le amo a El. Porque la luz siempre hay que darla aún en mi miseria; es mi obligación, es mi compromiso con El.
En el amor lo único que vale es amar. Y desde el amor hay que morir para poder multiplicarse y así dar frutos.
Intentar vivir en el amor, al final se da cuenta uno, que siempre conviene poner de mi parte. La otra no se si llega; y hace falta que llegue?
Ser Cursillista es a veces vivir en la desilusión pero no perder el ánimo si me convenzo de que en el amor lo único que vale es Amar.