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domingo, 11 de enero de 2015

Te he encontrado



¡Te he encontrado en muchos lugares, Señor, casi insignificantes!
Te he encontrado en el silencio más profundo de mi corazón, en el espacio más pequeño, en la penumbra de un Sagrario de cualquier Iglesia vacía que Tu conoces. 
Te he encontrado en el palpitar unánime de una comunidad Cursillista que te ama y llena tus espacios de cantos y de amor.
Te he encontrado en la alegría. Te he hablado sinceramente, allá arriba en la pequeña cumbre luminosa de la Atalaya con ese fondo Montañoso, mientras, atardeciendo y en silencio, bajaba por el camino a casa.
Pero donde siempre te encuentro es en el dolor. Un dolor, cualquier dolor, insignificante dolor; es como el son de aquella campanilla Javeriana que llama al Cursillista a la oración.
Cuando aparece la sombra de la Cruz, mi alma se recoge en mi intimidad y, olvidando el tintineo de la campana, te ve y te habla. Eres Tú que vienes a visitarme. Soy yo que te respondo:«Heme aquí, Señor. Te quiero. Te he querido siempre»
Y en nuestro encuentro, cara a cara, sintiendo tu mirada, mi alma no siente su cotidiano dolor, sino que está como embriagado en tu amor, invadido por ti, impregnado por ti: yo en ti, Tu en mi, a fin de que seamos uno.
Luego, demasiado pronto, abro los ojos a la vida, a la vida menos verdadera, divinamente aguerrido para conducir tu guerra. 🙏

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