Buenas noches. Mi nombre es Eduardo, tengo 46 años, estoy casado... soy del cursillo 142 de febrero de 2011.
Estoy muy contento de estar aquí. Y ya me quemaba un poco esto del rollo; creo que ya me tocaba y así mi madre también me acompaña. He ido guardando en mi corazón cada una de mis vivencias en las ultreyas; si ya fue una sorpresa lo del cursillo con su cuarto día, las Ultreyas han sido para mi, un regalo. Yo así lo he saboreado y me han ayudado a dar testimonio de ello en mi vida diaria, con mi mujer y mis hijos, con los amigos, en el trabajo...
Ya en la "película de mi vida" en el jueves aquel por la noche, no solo pensaba en mis miserias y debilidades, pensaba en cómo el Señor me ha ido creando el camino hasta llegar aquí. Dios seguro que tenia un plan de amor, ya que «Dios es amor». Aunque es verdad que la dureza de la vida hace que algunas veces no lo sepamos descubrir. Por eso es importante valorar las Ultreyas. Esa es mi santa alegría que quiero compartir.
lunes, 28 de enero de 2013
sábado, 19 de enero de 2013
15 Oraciones de Santa Brigida
No se deben guardar secretos...Un cristiano o uno que quiere serlo de verdad tiene que compartir su alegría en todo momento, en los malos y en los buenos momentos de nuestra vida. Ya han pasado más de siete años desde el momento que me encontré con Cristo. Más sencillo no lo pudo hacer, sin ruido ni aspavientos, sólo con la oración. Uno pone lo que puede o en la medida que el Espíritu Santo nos ha dado, pero las palabras que leí aquel día retumbaron en mi corazón como aquel leproso que fue curado y se fue corriendo a contar su milagro aún sabiendo que Cristo le había dicho que no lo contara (Mc 1,40-45). A mi me duró un año, insistiendo cada día el poder estar con El. Creo que ser pesado tuvo su recompensa y el Señor me bendijo para que caminara con El, hasta hoy...
Aquel año las oraciones continuas no eran sólo palabras una tras otra; uno nota por sí mismo que la conversación sincera fragua e injerta en el alma cada frase que pronuncia con verdad tal y como El quiere. En esos momentos de mis primeras oraciones, Dios Padre me preguntaba si lo quería amar y yo muchas veces solo lloraba con él a lágrima viva. Como ha dicho hoy Benedicto XVI, "Animo a todos a orar juntos para que podamos alcanzar "Lo que espera el Señor de nosotros" (cf. Mi. 6,6-8).
Por eso comparto mi secreto, que cambió mi vida, vida de muerte a vida de alegría.
Y ni una petición me ha sido denegada...
Aún así yo las sigo rezando con mucha frecuencia...
¡Ánimo, el esfuerzo vale la pena!
De colores!
LAS 15 ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA
Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)
Entonces, Nuestro Señor hizo las siguientes PROMESAS, a las personas que se aplicaran a rezar estas Oraciones, por todo un AÑO:
1. Libraré del Purgatorio a 15 almas de su parentela o linaje.
2. 15 almas de su parentela o linaje serán preservadas y confirmadas en la gracia.
3. 15 pecadores de su linaje serán convertidos.
4. El que rezare estas Oraciones, alcanzará el primer grado de la perfección.
5. 15 días antes de su muerte, le daré el alimento de Mi Sagrado Cuerpo; para que se escape del hambre eterno le daré de beber de Mi Preciosísima Sangre, para que no padezca de sed eternamente.
6. 15 días antes de su muerte, sentirá constricción profunda por todos sus pecados; y tendrá conocimiento perfecto de todas sus culpas.
7. Yo pondré el Signo de Mi Victoriosa Cruz delante de él, para que sea su amparo y defensa contra las asechanzas de sus enemigos.
8. Antes de su muerte, vendré a él con mi Carísima y Bienamada Madre.
9. Benignamente recibiré su alma; y le conduciré a las delicias eternas.
10. Y habiendo conducido a esta alma hasta las Mansiones Eternas allí le daré a beber del Manantial de Mi Divinidad; cosa que no haré con los que no hayan recitado Mis Oraciones.
11. Haz saber que el que haya vivido en estado de pecado mortal aún por 30 años, si rezare devotamente estas Oraciones, o si hubiera propuesto rezarlas, el Señor le perdonará todos sus pecados.
12. Yo le defenderé contra graves tentaciones.
13. Preservaré y guardaré sus 5 sentidos.
14. Le preservaré de una muerte repentina.
15. Su alma será librada de la muerte eterna.
16. Esta alma obtendrá todo cuanto le pidiere a Dios y a la Santísima Virgen.
17. Si haya vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y sin debiera morir al día siguiente, Yo le prolongaré su existencia para que se confiese bien.
18. Cada vez que un alma rezare estas Oraciones, ganará 100 días más de indulgencia.
19. Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santos Ángeles.
20. Al que enseñare estas Oraciones a otra persona, se le asegura gozo continuo, y el mérito perdurable por toda la eternidad.
21. Dondequiera que se rezaren estas Oraciones, o si se rezan en algún tiempo futuro, allí estará Dios presente con su Gracia.
PRIMERA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesucristo ¡Sois la eterna dulzura de todos los que Os aman; la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores. Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de Vuestra Concepción y especialmente durante Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.
Acordaos, Oh Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis Lavado los pies; y después, les distéis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y Vuestra Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión. Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos mismo lo afirmasteis, diciendo ”Mi Alma está triste hasta la muerte.”
Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo. Judas; apresado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual. Acordaos que fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo bofetadas. Después, coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes. En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz concededme antes de morir, una contrición verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.
SEGUNDA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que fuisteis oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, os rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y a las palabras injuriosas, Os suplico. ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna. Amén.
TERCERA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo; y todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad. Extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros Huesos. ¡Oh Jesús!, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de temeros y amaros. Amén.
CUARTA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
O Jesús, Médico Celestial! elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras! Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Por esta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga Pasión, nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.
QUINTA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús!, ¡Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serian condenados por sus pecados; y Os habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores. Por este abismo de compasión y piedad y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.
SEXTA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús. Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido, cuando, desnudo y como un crimina! común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También! fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre. En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a Maria: “mujer, he aquí a tu hijo!” Y a Juan: “ He aquí a tu Madre! Os suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.
SÉPTIMA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten compasión de mí! En profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: “Tengo sed” Era sed por la salvación del género humano. Oh mi Salvador os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos a la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.
OCTAVA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas. Amén.
NOVENA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, Virtud real y gozo del alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte, insultado y ultrajado por los judíos. Clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Por esta angustia, Os suplico, Oh mi Salvador, que no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén.
DÉCIMA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús. Principio y Fin de todas las cosas. Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para aquellos que Os aman, Amén.
UNDÉCIMA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de las llagas que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado. Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justìsíma indignación hayan cesado. Amén.
DUODÉCIMA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad. y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, Oh dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra Carne virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, Vuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡Oh Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que Os pido concederme en el Cielo. Amén.
DÉCIMA-TERCERA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! ¡Fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la Cabeza y dijisteis: “Todo está consumado”. Por esta angustia y dolor, os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.
DÉCIMA-CUARTA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! ¡Unico Hijo del Padre Celestial! esplendor y semejanza de su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: “¡Padre en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!” Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, Oh Rey de los santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.
DÉCIMA-QUINTA ORACIÓN
Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! ¡Verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar. De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz., la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos. Por esta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, Oh dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.
CONCLUSIÓN
¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón, a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.
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Aquel año las oraciones continuas no eran sólo palabras una tras otra; uno nota por sí mismo que la conversación sincera fragua e injerta en el alma cada frase que pronuncia con verdad tal y como El quiere. En esos momentos de mis primeras oraciones, Dios Padre me preguntaba si lo quería amar y yo muchas veces solo lloraba con él a lágrima viva. Como ha dicho hoy Benedicto XVI, "Animo a todos a orar juntos para que podamos alcanzar "Lo que espera el Señor de nosotros" (cf. Mi. 6,6-8).
Por eso comparto mi secreto, que cambió mi vida, vida de muerte a vida de alegría.
Y ni una petición me ha sido denegada...
Aún así yo las sigo rezando con mucha frecuencia...
¡Ánimo, el esfuerzo vale la pena!
De colores!
LAS 15 ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA
Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)
Entonces, Nuestro Señor hizo las siguientes PROMESAS, a las personas que se aplicaran a rezar estas Oraciones, por todo un AÑO:
1. Libraré del Purgatorio a 15 almas de su parentela o linaje.
2. 15 almas de su parentela o linaje serán preservadas y confirmadas en la gracia.
3. 15 pecadores de su linaje serán convertidos.
4. El que rezare estas Oraciones, alcanzará el primer grado de la perfección.
5. 15 días antes de su muerte, le daré el alimento de Mi Sagrado Cuerpo; para que se escape del hambre eterno le daré de beber de Mi Preciosísima Sangre, para que no padezca de sed eternamente.
6. 15 días antes de su muerte, sentirá constricción profunda por todos sus pecados; y tendrá conocimiento perfecto de todas sus culpas.
7. Yo pondré el Signo de Mi Victoriosa Cruz delante de él, para que sea su amparo y defensa contra las asechanzas de sus enemigos.
8. Antes de su muerte, vendré a él con mi Carísima y Bienamada Madre.
9. Benignamente recibiré su alma; y le conduciré a las delicias eternas.
10. Y habiendo conducido a esta alma hasta las Mansiones Eternas allí le daré a beber del Manantial de Mi Divinidad; cosa que no haré con los que no hayan recitado Mis Oraciones.
11. Haz saber que el que haya vivido en estado de pecado mortal aún por 30 años, si rezare devotamente estas Oraciones, o si hubiera propuesto rezarlas, el Señor le perdonará todos sus pecados.
12. Yo le defenderé contra graves tentaciones.
13. Preservaré y guardaré sus 5 sentidos.
14. Le preservaré de una muerte repentina.
15. Su alma será librada de la muerte eterna.
16. Esta alma obtendrá todo cuanto le pidiere a Dios y a la Santísima Virgen.
17. Si haya vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y sin debiera morir al día siguiente, Yo le prolongaré su existencia para que se confiese bien.
18. Cada vez que un alma rezare estas Oraciones, ganará 100 días más de indulgencia.
19. Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santos Ángeles.
20. Al que enseñare estas Oraciones a otra persona, se le asegura gozo continuo, y el mérito perdurable por toda la eternidad.
21. Dondequiera que se rezaren estas Oraciones, o si se rezan en algún tiempo futuro, allí estará Dios presente con su Gracia.
PRIMERA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesucristo ¡Sois la eterna dulzura de todos los que Os aman; la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores. Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de Vuestra Concepción y especialmente durante Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.
Acordaos, Oh Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis Lavado los pies; y después, les distéis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y Vuestra Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión. Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos mismo lo afirmasteis, diciendo ”Mi Alma está triste hasta la muerte.”
Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo. Judas; apresado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual. Acordaos que fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo bofetadas. Después, coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes. En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz concededme antes de morir, una contrición verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.
SEGUNDA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que fuisteis oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, os rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y a las palabras injuriosas, Os suplico. ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna. Amén.
TERCERA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo; y todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad. Extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros Huesos. ¡Oh Jesús!, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de temeros y amaros. Amén.
CUARTA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
O Jesús, Médico Celestial! elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras! Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Por esta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga Pasión, nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.
QUINTA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús!, ¡Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serian condenados por sus pecados; y Os habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores. Por este abismo de compasión y piedad y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.
SEXTA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús. Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido, cuando, desnudo y como un crimina! común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También! fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre. En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a Maria: “mujer, he aquí a tu hijo!” Y a Juan: “ He aquí a tu Madre! Os suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.
SÉPTIMA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten compasión de mí! En profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: “Tengo sed” Era sed por la salvación del género humano. Oh mi Salvador os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos a la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.
OCTAVA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas. Amén.
NOVENA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús, Virtud real y gozo del alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte, insultado y ultrajado por los judíos. Clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Por esta angustia, Os suplico, Oh mi Salvador, que no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén.
DÉCIMA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús. Principio y Fin de todas las cosas. Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para aquellos que Os aman, Amén.
UNDÉCIMA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de las llagas que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado. Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justìsíma indignación hayan cesado. Amén.
DUODÉCIMA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad. y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, Oh dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra Carne virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, Vuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡Oh Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que Os pido concederme en el Cielo. Amén.
DÉCIMA-TERCERA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! ¡Fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la Cabeza y dijisteis: “Todo está consumado”. Por esta angustia y dolor, os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.
DÉCIMA-CUARTA ORACIÓN
1 Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! ¡Unico Hijo del Padre Celestial! esplendor y semejanza de su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: “¡Padre en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!” Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, Oh Rey de los santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.
DÉCIMA-QUINTA ORACIÓN
Padre Nuestro... 1 Ave María...
¡Oh Jesús! ¡Verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar. De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz., la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos. Por esta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, Oh dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.
CONCLUSIÓN
¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón, a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.
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miércoles, 16 de enero de 2013
De Colores! Febrero 2011
Mi Confesión, de Colores.
Tengo junto a mí la foto del grupo, mi crucifijo y mi libro del Peregrino. Llamo al Espíritu Santo...Y pongo mi amor.
Después de mi Sí a Tomi, -cosa tonta porque siempre le digo sí - se acercaban los días y reflexionaba sobre los momentos de mi niñez en las convivencias y los ejercicios espirituales con mis curas del colegio Claret. Ansioso estaba con mi Encuentro y los nervios aumentaban mientras se acercaban los días para conocer qué personas iban a compartir ese descubrimiento conmigo. Desconocía por completo todo, pero mis ansias de vivir otra experiencia hizo apagar mis dudas.
La noche del jueves 10 de febrero entré en Las Javerianas y vi a un puñado de personas en el hall, despistadas, nerviosas y sin sentirse ubicadas en el lugar. Yo di mi paso y atravesé el umbral de la puerta por lo que ya no había marcha atrás cerrando los ojos y entregando todo en las manos del Señor. En ese momento se me acercó un tal Jose Luis, con ojos grandes y sonrisa que cubría toda su cara. ¡Este hombre no me conocía de nada y ya me sonreía...! Estaba claro, yo ya pensaba que no me habían engañado por venir aquí, y que el lenguaje que utilizaba Jose Luis lo reconocía, transparente y sincero, y era el que me habían enseñado en mi infancia, y que ahora vivía todas las semanas en mi Parroquia, cuando compartimos la alegría en la fiesta del Señor.
Me acompañó amablemente a la salita de la entrada, tal vez preocupado por mis nervios y despistes y allí estaba Tomi y dos personas que me pidieron mis datos, me dieron una tarjetita con mi nombre, para posteriormente adentrarme en ese espacio desconocido con personas desconocidas...
La habitación era sencilla, suficiente, la capilla divina y el comedor de la planta alta acogedor: todo ayudaba a reconocer el espacio vivido con anterioridad, por lo que los pasos a seguir para llegar a la meta ayudaban a perder la desconfianza y el temor para imponerse al final la ilusión. ¡Hasta reconocía a los dos curas...!
La primera noche, la peor sin duda. No dormí. Por más que intentaba poner esfuerzos, los ojos no querían cerrarse. Había que hacer un ejercicio importante, por lo que no tuve más que ponerme en la oración para poder recordar la Película de mi vida. Toda la noche.
Al día siguiente, la campana. Como ovejas que van al matadero, empezamos disciplinadamente nuestras actividades en el salón mayor después de nuestras reflexiones en la capilla, y los cursillistas nos dividieron en mesas con cinco grupos de personas. A mi me tocó la tercera, con Luis a la cabeza y mis compañeros que que se llamaban según sus tarjetas Victoria, Conchi y Tino; muy equilibrado: dos hombres y dos mujeres.
Las horas al principio eran un poco pesadas y más con el sueño, pero el entusiasmo de los cursillistas y el amor de Jose Miguel y Nicolás entrevieron una luz que tenía que salir muy pronto. ¡Que viene, que viene!
Y así fue. Las reuniones retiradas después de los rollos, me hicieron ver las necesidades y búsqueda de cada uno de ellos. El tema era lo de menos; lo importante era el encuentro mutuo con nosotros mismos y con los demás: sus inquietudes, sus sufrimientos, sus ansias de cambiar. Durante esas reuniones personales alejadas del resto, en nuestra esquina de confesiones, Tino disparó directamente a nuestros corazones, derritiéndose en sinceridad, dejándonos al resto muy rezagados en la verdad. El trabajo era grande, se avecinaba ya el encuentro.
Poco tiempo para nosotros mismos era el que disponíamos; no tenia ganas ni de llamar a mi mujer. Era necesario un tiempo alejado. Seguro que enriquecería mi amor por ella.
Los cursillistas dieron todo de si y nadie empezaba sin Dolores - a esta mujer tenía que conocerla como sea-. El primer rollo lo dio Eulalia sobre el ideal de vida. No sabia que mi amiga supiera todas estas cosas. En su charla descubrí cositas de ella que antes no había sentido. En ella, su hijo Jordi siempre está presente.
Pero descubrí a Luis. El autentico hijo pródigo. ¡Qué valor, qué sinceridad, qué arrojo! Mi corazón buscaba ansiosamente su amistad. Una persona del que tenía que empaparme de cariño.
Pero para cariño, Estrella. Voy a ser sincero: podría hablar de lo que sea que para mí no era la charla lo relevante, sino el gran amor de Estrella. La charla se tenía que haber titulado El amor de Estrella. Me recuerda a mi padre: besos, besos y más besos. Sólo quieren que la quieran y ella lo devuelve todo, se deja el corazón en cada momento. Se me caían las babas. Necesitaba darle un abrazo grande para poder conectar con ella y sentirla: y así fue. ¡Gracias Estrella!
Tomi y su guitarra. Je, je... como si no lo conociera. Sorprendió a todos los asistentes con su inteligencia y convicción. Las notas musicales perfumaban la sala por lo que le facilitaba transmitir lo que quería. Yo te alabo Padre por darme a esta persona. No permitas que me la quiten, porque Te rezaré para que mi vida esté siempre próxima a la suya.
Y llegamos al alma de la convivencia que estaba claro que eran los sacerdotes. José Miguel y Nicolás. Del primero estaba impaciente por conocerlo personalmente, puesto que aunque él no lo sabía le oía en algunas homilías de las misas en la Catedral a las nueve y cuarto de la mañana. Era mi prioridad: tenía que tener una charla personal con él y transmitirle mis inquietudes en la vida, que me tuviera en cuenta y me diera un trozo de su cariño. Me hace mucha ilusión contar con él.
Pero mi gran descubrimiento fue Nicolás. Su dulzura y gran corazón como el de un niño grande, atravesaba a cualquiera que se le pusiera por delante con la palabra. Utiliza su gracia y los chistes para conectar con todos. Le importaba tres narices el ser gracioso o quedar bien con los demás, sólo le interesaba que nosotros conectáramos con él para que pusiéramos todo nuestro ser y lograr el fin último: conocer a Jesús. ¡¡¡Y vaya que lo logró!!!
Pero mirad, yo no tengo el don de la gracia ni del chiste. No creo que tenga esa cualidad. Pero creo que tengo el don de la oportunidad. Estoy seguro que todo lo que le he dado al Señor en todos estos años de oraciones, ofrecimientos, vida parroquial y sobretodo miserias, estaban dirigidas para completarlas en estos tres días de convivencia. O tal vez en el momento que estuve con mis hermanos de grupo de rodilla delante del Sagrario. Fue un momento muy intenso, sincero y de piedad. Todas mis culpas se quedaron atrás. Quería que mi corazón fuera Su habitación perpetua y que mi conversación Le fuera agradable. Mi amor por la comunidad y con Cristo llegó a su plenitud. Ya no quería salir y lo quería dar todo: mi alma, mi ser, mi amor.
Y para terminar un momento especial para mi: el abrazo final en la misa del domingo en la iglesia de Isabel de Hungría. Fue un sincero desprendimiento de cariño con todos, a pesar de mis diferentes grados de comunicación con cada uno de ellos.
Y vino la sorpresa del lunes: el cuarto día. En mis primeras horas en el trabajo, mi corazón latía intensamente, mi cabeza sólo tenia tiempo para pensar en el milagro del amor común. Era increíble: caminaba con los pies a cinco centímetros del suelo, y hablaba bajito. ¡Yo, que hablo chillando! No tenía ganas de hablar con nadie, sólo escuchar y escuchar... Me acordé de Conchi, de la serenidad y de la paz que ella había encontrado. Yo flotaba en el aire, el Señor estaba conmigo. Sólo hablaba con El. No prestaba atención a nada ni a nadie. Y cuando llegué a mi despacho y abrí mi iPad me encontré con la foto de grupo dentro: mis lágrimas afloraron intensamente porque veía a Jesús en cada uno de ellos.
Vivir en comunidad es necesario para nuestra búsqueda, pero no olvidéis que lo que nos diferencia a los cristianos es la Esperanza.
Os voy a contar qué es la Esperanza para mi:
- Reportándose!!!- esta historia es para mis hermanos de convivencia, los demás seguro que la conocen-.
Una vez un Sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia al mediodía… al pasar por el altar decidió quedarse cerca para ver quién había venido a orar. En ese momento se abrió la puerta; el sacerdote frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado cuyos bordes se habían comenzado a deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego se levantó y se fue. Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía, estaba en la Iglesia cargando una maleta… se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir.
El Sacerdote, un poco temeroso, empezó a sospechar de que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en la puerta de la Iglesia y cuando el hombre se disponía a salir le preguntó: “¿Qué haces aquí?”. El hombre dijo que trabajaba cerca y tenía media hora libre para el almuerzo y aprovechaba ese momento para orar, “sólo me quedo unos instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco lejos, así que sólo me arrodillo y digo: Señor, sólo vine nuevamente para contarte lo feliz que me haces cuando
me liberas de mis pecados… no sé muy bien orar, pero pienso en Ti todos los días… así que, Jesús, éste es Jim reportándose”.
El Sacerdote, sintiéndose un tonto, le dijo a Jim que estaba bien y que era bienvenido a la Iglesia cuando quisiera. El Sacerdote se arrodilló ante el altar, sintió
derretirse su corazón con el gran calor del amor y encontró a JESÚS, mientras lágrimas corrían por sus mejillas; en su corazón repetía la plegaría de Jim:
“SÓLO VINE PARA DECIRTE, SEÑOR, LO FELIZ QUE FUI DESDE QUE TE ENCONTRÉ A TRAVÉS DE MIS SEMEJANTES Y ME LIBERASTE DE MIS PECADOS… NO SÉ MUY BIEN CÓMO ORAR, PERO PIENSO EN TI TODOS LOS DÍAS… ASÍ QUE, JESÚS, SOY YO REPORTÁNDOME”.
Cierto día el Sacerdote notó que el viejo Jim no había venido. Los días siguieron pasando sin que Jim volviese para orar. Continuaba ausente, por lo que el Sacerdote comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que Jim estaba enfermo, que, pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenía oportunidad de sobrevivir. La semana que Jim estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa.
La enfermera jefe no podía entender por qué Jim estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas.
El sacerdote se acercó al lecho de Jim con la enfermera y ésta le dijo, mientras Jim escuchaba: “Ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a dónde recurrir”. Sorprendido, el viejo Jim dijo con una sonrisa: “La enfermera está equivocada… pero ella no puede saber que, TODOS LOS DÍAS, desde que llegué aquí, a MEDIODÍA, UN QUERIDO AMIGO MÍO VIENE, SE SIENTA AQUÍ EN LA CAMA, ME AGARRA DE LAS MANOS, SE INCLINA SOBRE MÍ Y ME DICE: “SÓLO VINE PARA DECIRTE, JIM, LO FELIZ QUE FUI DESDE QUE ENCONTRÉ TU AMISTAD Y TE LIBERÉ DE TUS PECADOS. SIEMPRE ME GUSTÓ OIR TUS ORACIONES, PIENSO EN TI CADA DÍA… ASÍ QUE, JIM, ÉSTE ES JESÚS REPORTÁNDOSE”.
Yo quiero ser Jim!
De colores.
Un amigo que les quiere, Eduardo - ya sin etiqueta -
Nota: no tengáis en cuenta las ausencias en esta carta, de las personas que estuvieron en la convivencia; sólo he querido contar mi experiencia del Amor en comunidad, con el Señor.
Algo me dice El evangelio de hoy (Mc 1,29-39)
Texto del Evangelio (Mc 1,29-39): En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
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Buscar a Cristo............. La realidad es que Jesús ya nos ha encontrado, algunos mucho antes que a mi que soy de los cursillistas mas nuevos de febrero de 2010, pero hay que seguir buscando en cada momento de nuestra vida, descubrir las huellas de lo divino escondidas en todos los aspectos y situaciones de nuestra vida, que suelen esconderse en las cosas mas pequeñas y nimias, en situaciones casi desapercibidas. Podemos buscar a Dios cuando tenemos problemas, para que nos vayan mejor las cosas, o cuando estamos enfermos para recuperar la salud. Eso no está mal, lo oigo mucho en nuestras reuniones de grupo de nuestras ultreyas. Personas mayores, demasiadas tal vez, donde su vida gira con las limitaciones físicas, de la vista, del oído, de nuestras piernas... y donde Cristo aparece muy de vez en cuando en mis abrazos...
Creo que poco a poco debemos purificar nuestra búsqueda, indexar nuestra mirada y nuestro corazón, y descubrir a Dios en todo. Buscarle solamente porque es Dios, por nada más. Y es todo lo que debemos necesitar...para qué más.
Y descubriremos a Dios en las dificultades, en los problemas, en los gozos y esperanzas de cada día.
Pero para mi buscar a Dios en el hoy sube nuevos escalones, duros, muy duros: entre nuestros enemigos y entre la gente que no nos acaba de caer bien o no nos entiende. Algunos cursillistas me dicen lo difícil que es "aguantar a tu vecino" .
Mi alma se retuerce cuando busca a Dios aunque eso me lleve a la incomodidad, aunque nos duela como dice la Santa Teresa y nos desestabilice nuestras seguridades o suponga esfuerzo, mucho esfuerzo.
Pero ¡qué bien sabe y qué a gusto se queda uno en ese esfuerzo! cuando reconoce la sonrisa del Señor en las caras de esas personas, en el amor que das a pesar del mal presente.
Buscar a Dios porque es Dios, por nada más. Ni por consuelos, ni por fortuna… Sólo Dios basta. Y sin duda encontraremos consuelo: abrazar gozosamente las dificultades, en definitiva abrazar y coger a rastra y con gozo nuestra cruz.
María nuestra Madre encontró al Hijo de Dios desnudo en su regazo, no tenía nada que darle en lo humano y se lo dio todo. Que como ella busquemos a Cristo, nos encontremos con Cristo, amemos a Cristo, adoremos a Cristo, esperemos a Cristo y ¡qué gozo! como cursillistas ¡anunciemos a Cristo!
miércoles, 9 de enero de 2013
Benedicto XVI: Dios se hizo hombre para curar todo lo que nos separa deEl
VATICANO, 09 Ene. 13 / 11:09 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Benedicto XVI alentó a los fieles católicos de todo el mundo a recuperar el asombro ante el misterio de la Encarnación que ilumina la vida y explicó que Dios asumió la condición humana para curar "todo lo que nos separa de Él".
En este tiempo de Navidad, nos detenemos de nuevo en el gran misterio de Dios que bajó de su Cielo para entrar en nuestra carne. En Jesús, Dios se encarnó, se hizo hombre como nosotros, y así nos abrió el camino hacia su Cielo, hacia la comunión plena con Él.
En estos días, en nuestras iglesias ha resonado varias veces la palabra "Encarnación" de Dios, para expresar la realidad que celebramos en la Santa Navidad: El Hijo de Dios se hizo hombre, como recitamos en el Credo. Pero ¿qué significa esta palabra central de la fe cristiana? Deriva del latín "incarnatio". San Ignacio de Antioquía, a finales del siglo I y especialmente San Ireneo han utilizado este término, reflexionando sobre el Prólogo del Evangelio de San Juan, en particular sobre la expresión "La Palabra se hizo carne" (Jn 1,14).
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