Con los años que han pasado y todavía me sigo haciendo las mismas preguntas:
¿Quién eres Tú,
que todavía me sigues confundiendo porque insistes en estar conmigo?
¿Quién eres Tú,
que ahora me siento empujado a hacer cosas que antes no hacía sólo por no perder tu mirada? ¿Quién eres Tú,
que ya no puedo hacer las cosas que antes hacía sólo por no dejar de estar contigo?
¿Quién eres Tú,
que me haces sentir siempre valorado porque me aceptas tal y como soy?
¿Quién eres Tú, que sacas lo mejor de mi, y ya mi corazón solo sabe latir si Tú estás?
¿Quién eres Tú...?
Pues Tú, el que me mira, sólo puedo decirte que mi corazón grita para sólo estar contigo porque sabe que eres mi Dios;
y como eres mi Dios, te ofrezco lo que soy, lo que tengo, mis manos, mis ojos, mis piernas y a veces hasta mi boca.
Decía la Madre Teresa de Calcuta, que una vez se le acercó un pordiosero y le dijo: "Madre Teresa, todo el mundo te da algo; pues mira, yo tengo una cosa que darte, pero hoy sólo he podido ganar estos diez peniques. La Madre Teresa no sabía qué hacer, pues si los cogía esa noche el pordiosero no iba a cenar, pero si no los cogía lo podía humillar. Y contó que ella los cogió y no vió ese día un hombre tan alegre y contento como ese pordiosero". Se sintió dignificado, por compartir lo que tenía con alguien.
¿No debería ser así mi relación con el Señor? Pues eso, te ofrezco Señor lo que tengo, mis diez peniques y el Señor seguro que los coge, pero no porque lo merezcamos sino porque quiere depender de nosotros porque le da la gana, por puro amor.
Somos unos privilegiados, porque Tú nos ayudas a construir poco a poco un Cielo donde vivir y no un infierno donde padecer.
Porque Tú me ayudas a tratar a las personas como me tratas a mi, con paciencia, humildad y perdón.
Porque Tú eres y serás mi primera elección para agradarte siempre y compartir tu alegría para vivir de colores!



