Páginas

Curriculum

domingo, 9 de febrero de 2014

¿Quién eres Tú?



Con los años que han pasado y todavía me sigo haciendo las mismas preguntas:

¿Quién eres Tú, 
que todavía me sigues confundiendo porque insistes en estar conmigo?
¿Quién eres Tú, 
que ahora me siento empujado a hacer cosas que antes no hacía sólo por no perder tu mirada? ¿Quién eres Tú, 
que ya no puedo hacer las cosas que antes hacía sólo por no dejar de estar contigo?
¿Quién eres Tú, 
que me haces sentir siempre valorado porque me aceptas tal y como soy?
¿Quién eres Tú, que sacas lo mejor de mi, y ya mi corazón solo sabe latir si Tú estás?
¿Quién eres Tú...?
Pues Tú, el que me mira, sólo puedo decirte que mi corazón grita para sólo estar contigo porque sabe que eres mi Dios; 
y como eres mi Dios, te ofrezco lo que soy, lo que tengo, mis manos, mis ojos, mis piernas y a veces hasta mi boca.

Decía la Madre Teresa de Calcuta, que una vez se le acercó un pordiosero y le dijo: "Madre Teresa, todo el mundo te da algo; pues mira, yo tengo una cosa que darte, pero hoy sólo he podido ganar estos diez peniques. La Madre Teresa no sabía qué hacer, pues si los cogía esa noche el pordiosero no iba a cenar, pero si no los cogía lo podía humillar. Y contó que ella los cogió y no vió ese día un hombre tan alegre y contento como ese pordiosero". Se sintió dignificado, por compartir lo que tenía con alguien.
¿No debería ser así mi relación con el Señor? Pues eso, te ofrezco Señor lo que tengo, mis diez peniques y el Señor seguro que los coge, pero no porque lo merezcamos sino porque quiere depender de nosotros porque le da la gana, por puro amor. 
Somos unos privilegiados, porque Tú nos ayudas a construir poco a poco un Cielo donde vivir y no un infierno donde padecer.
Porque Tú me ayudas a tratar a las personas como me tratas a mi, con paciencia, humildad y perdón.
Porque Tú eres y serás mi primera elección para agradarte siempre y compartir tu alegría para vivir de colores!

domingo, 2 de febrero de 2014

Dios y mi Familia




Estamos acostumbrados a que nuestros hijos nos digan eso de: "¡Puedo hacerlo por mí mismo!"

A nosotros como padres generalmente nos agrada escuchar estas palabras de nuestros hijos. Dedicamos cantidades enormes de energía a ayudar a nuestros niños a alcanzar la independencia en todas las etapas de su vida, desde el control de los esfínteres hasta vestirse, desde la tarea de conseguir un permiso de conducir hasta poder asumir en un futuro su propia deuda con la universidad.

Sin embargo, algunos proyectos son demasiado grandes para la mentalidad de "hágalo usted mismo". "Si Jehová no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guarda la ciudad, en vano vela la guardia" (Salmo 127:1). Estas sabias palabras provienen del rey Salomón, un hombre que fue dotado de sabiduría sobrenatural.
Pero parece que no la puso en práctica en su propia vida, su vida familiar fue un desorden, y eso paradójicamente ilustra la verdad de sus propias palabras.

Entonces, ¿qué puede hacer para invitar al Señor como coedificador de mi familia? Buscando en las Escrituras su Santo diseño para el Matrimonio. Hoy en día se ignora y se desprecia la voluntad de Dios para el Matrimonio, con devastadoras consecuencias para toda la sociedad. Vivir como si Dios no existiera en el sacramento fundado por El, como si nosotros fuéramos capaces por nosotros mismos de perdonar siempre, de estar atentos a las necesidades de nuestra pareja, a pedir permiso para compartir nuestras necesidades...

Comprometerse con el Plan de Dios, con su proyecto de vida que nos tiene preparados, confiando en Sus bendiciones y esperando; permitir que mi hogar sea un lugar donde se escuche la Palabra, donde abunde la oración y la alabanza, y donde reine la Paz de Cristo. Donde se construya poco a poco un Cielo donde vivir y no un infierno donde padecer.
Tratar a mi mujer como Dios me trata a mi, con paciencia, humildad y perdón.
En definitiva, amar a mi familia como Dios me ama a mi mismo, sería nuestra elección para agradar a Dios siempre y encontrar la felicidad, nuestra felicidad.

via Semper Fiat



"Dios nos conoce en la intimidad" Benedicto XVI


"Este principio –que sin silencio no se oye, no se escucha, no se recibe una palabra– es válido sobre todo para la oración personal, pero también para nuestras liturgias: para facilitar una escucha auténtica, las liturgias deben tener también momentos de silencio y de acogida no verbal...
Un corazón atento, silencioso, abierto es más importante que muchas palabras. Dios nos conoce en la intimidad, más que nosotros mismos, y nos ama: y saber esto debe ser suficiente...
Todos nosotros casi conocemos a Dios solo de oídas y, cuanto más abiertos estamos a su silencio y a nuestro silencio, más comenzamos a conocerlo realmente. Esta confianza extrema que se abre al encuentro profundo con Dios maduró en el silencio".
(Benedicto XVI)

sábado, 1 de febrero de 2014

El Don más grande!



Hoy, a raíz de una sociedad que da culto al "ego", se confunde oración con magia.
La magia y la superstición pretenden "sacarle" el milagrito a DIOS, o hay quien hasta le cobra a DIOS supuestos "favores". Es decir, el centro de esa "oración" son mis intereses personales.
La oración en cambio, tiene por centro a DIOS mismo. Es hermoso ver almas que tienen problemas grandes, y su oración comienza más o menos así: "Señor, ¿cuál es tu voluntad? ¿En qué te puedo servir? ¿Me permites consolar tu corazón de todas las ofensas que recibes? etc... Y al final, si les da tiempo, y sabiendo que DIOS ya conoce sus necesidades, se la presentan, pero siempre bajo la condicionante "...si es tu Voluntad".
 Hay quien le pide la salud a DIOS, sólo para seguir pecando "saludablemente", dejando ver que a DIOS no lo amamos, sino lo necesitamos cual medicamento de turno.
De ahí que diga Benedicto XVI:
"...Esto me parece muy importante: antes de que el don sea concedido, es preciso adherirse a Aquel que dona; el donante es más precioso que el don. También para nosotros, por lo tanto, más allá de lo que Dios nos da cuando lo invocamos, el don más grande que puede otorgarnos es su amistad, su presencia, su amor. Él es el tesoro precioso que se ha de pedir y custodiar siempre”.

Vía Semper Fiat