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domingo, 2 de febrero de 2014

Dios y mi Familia




Estamos acostumbrados a que nuestros hijos nos digan eso de: "¡Puedo hacerlo por mí mismo!"

A nosotros como padres generalmente nos agrada escuchar estas palabras de nuestros hijos. Dedicamos cantidades enormes de energía a ayudar a nuestros niños a alcanzar la independencia en todas las etapas de su vida, desde el control de los esfínteres hasta vestirse, desde la tarea de conseguir un permiso de conducir hasta poder asumir en un futuro su propia deuda con la universidad.

Sin embargo, algunos proyectos son demasiado grandes para la mentalidad de "hágalo usted mismo". "Si Jehová no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guarda la ciudad, en vano vela la guardia" (Salmo 127:1). Estas sabias palabras provienen del rey Salomón, un hombre que fue dotado de sabiduría sobrenatural.
Pero parece que no la puso en práctica en su propia vida, su vida familiar fue un desorden, y eso paradójicamente ilustra la verdad de sus propias palabras.

Entonces, ¿qué puede hacer para invitar al Señor como coedificador de mi familia? Buscando en las Escrituras su Santo diseño para el Matrimonio. Hoy en día se ignora y se desprecia la voluntad de Dios para el Matrimonio, con devastadoras consecuencias para toda la sociedad. Vivir como si Dios no existiera en el sacramento fundado por El, como si nosotros fuéramos capaces por nosotros mismos de perdonar siempre, de estar atentos a las necesidades de nuestra pareja, a pedir permiso para compartir nuestras necesidades...

Comprometerse con el Plan de Dios, con su proyecto de vida que nos tiene preparados, confiando en Sus bendiciones y esperando; permitir que mi hogar sea un lugar donde se escuche la Palabra, donde abunde la oración y la alabanza, y donde reine la Paz de Cristo. Donde se construya poco a poco un Cielo donde vivir y no un infierno donde padecer.
Tratar a mi mujer como Dios me trata a mi, con paciencia, humildad y perdón.
En definitiva, amar a mi familia como Dios me ama a mi mismo, sería nuestra elección para agradar a Dios siempre y encontrar la felicidad, nuestra felicidad.

via Semper Fiat



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