Mi comentario
"Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos La Paz"
¡Qué maravilloso milagro es el sentir y dejarse llevar de La Paz de Cristo! Cómo nos ayuda y nos embebe esa tranquilidad, ese sosiego para discernir qué es lo que nos asemeja a Dios y qué es lo que nos aleja de su persona.
Da sentido a nuestra libertad elegida y responsable, que descansa en un Dios que todo lo puede a pesar de nuestras incredulidades. Tanto lo puede que su atributo mayor no es el amor, ni su misericordia, sino su santa paciencia, que demuestra lo infinito que es su amor.
A veces me entristezco el pensar que mi vida era un transcurrir sin sentir en mi corazón la plenitud de un Dios que me acompaña; creer que por mí mismo resolvía las cosas que acontecían delante de mi rostro. ¡Qué engreído!
Sentirse unido a la persona de Cristo, provoca el retorcimiento de mi impaciencia para poder decidir cuál es el camino correcto. Nuestra conciencia alimentada por el espíritu de la Sabiduría enriquece no sólo nuestras conductas acordes a lo que agrada a Dios, haciendo su voluntad, creyendo que El tiene el control de nuestras cosas, sino un bienestar en nuestra alma que se deja llevar atraído por la luz del amor que disuelve el pecado como azucarillo... Una paz interior para sostener esa paciencia de agradar a Dios siempre. Cuánto ayuda en nuestro vivir diario, esa claridad de ideas para saber relacionarnos con las personas y familiares.
El camino del entendimiento fue largo, duros momentos traspasan mi vida, no hace mucho, momentos de crisis personal, de falta de amor y de muchas apetencias materiales, pero poniéndome en las manos del Señor, a pesar de mi alejamiento, con la ayuda de la oración, la insistencia continua y agotadora con mis subidas a la montaña sólo para estar con El, hablar con El, me hacen sentir ahora, pasado el tiempo, que el Señor me enseñó a tener paciencia, que su amor primero era lo principal y que luego vendría lo que El quisiera. La experiencia es que uno debe dejarse llevar confiado en las manos del Señor. ¡Qué aprendizaje!
¡Cuánta felicidad le viene a uno por dar gracias a Dios por tener manso el corazón! A mi me ayuda muchísimo, ser siempre positivo en mis relaciones con mi mujer, mis hijos, con los amigos que no me entienden, que se sorprenden en mis formas de entender la vida, mi estilo de vida. Espero que les ayude a encontrar el camino. Si Dios nos ama y espera con paciencia el fruto de nuestra vida ¿no deberíamos hacer lo mismo con los demás?
Así lo dice Francisco: "Esto es caminar en la vida con este Espíritu: el Espíritu de Dios, que nos ayuda a juzgar, a tomar decisiones según el corazón de Dios. Y este Espíritu nos da paz. ¡Siempre! Es el Espíritu de paz, el Espíritu de amor, el Espíritu de fraternidad. Y la santidad es precisamente esto."
Hay que seguir creyendo en el amor e insistir hasta agotar y cansar a Dios Padre que le necesitamos.
Bendita paciencia tomamos prestado de ese Espíritu dichoso! Bendita paciencia! Dios siempre es paciente, pero es verdad que a veces nosotros no lo somos, pero aprendemos en nuestra relación con El, relación íntima necesaria para entender su sabiduría para con nosotros mediante su palabra. Sólo, para no dejarnos llevar por los impulsos del mundo que nos rodea impidiendo la atención a la realidad del amor de Dios.
Pero cuando nos embuímos en ella, con el tiempo, mirando atrás, nos damos cuenta cuánto ha sido la acción del espíritu en beneficio nuestro porque al final quien triunfa siempre es Dios y no yo.
Aquí yace el signo de la Paciencia Divina, que sigue insistiendo pese a la falta de mis respuestas. Es como un teléfono que llama y llama, sin que nosotros nos dignemos a responder. El Señor sigue marcando día a día el número de mi corazón. Mi acción eficaz para agradarle es la de responder todos los días su llamada paciente en lo que El disponga: en la parroquia, en la familia, en las Ultreyas, con los amigos, en los momentos difíciles, etc.
Al fin y al cabo "aprender de la paciencia es virtud de la santidad".
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El Papa comenzó comentando la primera lectura, tomada del Libro de la Sabiduría, en que se describe “el estado de ánimo del hombre y de la mujer espiritual”, del verdadero cristiano y de la verdadera cristiana que viven “en la sabiduría del Espíritu Santo. Y esta sabiduría los lleva adelante con este Espíritu inteligente, santo, único, múltiple y sutil”:
Esto es caminar en la vida con este Espíritu: el Espíritu de Dios, que nos ayuda a juzgar, a tomar decisiones según el corazón de Dios. Y este Espíritu nos da paz. ¡Siempre! Es el Espíritu de paz, el Espíritu de amor, el Espíritu de fraternidad. Y la santidad es precisamente esto. Lo que Dios pide a Abraham - “Camina en mi presencia y sé irreprensible” – es esto: esta paz. Ir bajo la moción del Espíritu de Dios y de esta sabiduría. Y aquel hombre y aquella mujer que caminan así, se puede decir que son un hombre y una mujer sabios. Un hombre sabio y una mujer sabia, porque se mueven bajo la moción de la paciencia de Dios.
Pero en el Evangelio – subrayó el Papa – “nos encontramos ante otro espíritu, contrario a este de la sabiduría de Dios: el espíritu de la curiosidad”:
Y cuando nosotros queremos adueñarnos de los proyectos de Dios, del futuro, de las cosas conocer todo, tomar todo en nuestra mano… Los fariseos preguntaron a Jesús: “¿Cuándo vendrá el Reino de Dios?”. ¡Curiosos! Querían conocer la fecha, el día… El espíritu de la curiosidad nos aleja del Espíritu de la sabiduría, porque sólo interesan los detalles, las noticias, las pequeñas noticias de cada día. ¿O cómo se hará esto? ¡Es el cómo: es el espíritu del cómo! Y el espíritu de la curiosidad no es un buen espíritu: es el espíritu de la dispersión, del alejarse de Dios, el espíritu de hablar demasiado. Y Jesús también viene a decirnos una cosa interesante: este espíritu de curiosidad, que es mundano, nos lleva a la confusión.
La curiosidad – prosiguió el Pontífice – nos impulsa a querer sentir que el Señor está acá o allá; o nos hace decir: “Pero yo conozco a un vidente, a una vidente, que recibe cartas de la Virgen, mensajes de la Virgen”. Y el Papa comentó: “Pero, mire, ¡la Virgen es Madre! Y nos ama a todos nosotros. Pero no es un jefe de la oficina de Correos, para enviar mensajes todos los días”. “Estas novedades – afirmó el Papa – alejan del Evangelio, alejan del Espíritu Santo, alejan de la paz y de la sabiduría, de la gloria de Dios, de la belleza de Dios”. Porque “Jesús dice que el Reino de Dios no viene para atraer la ℅: viene en la sabiduría”. “¡El Reino de Dios está en medio de ustedes!”, dice Jesús: es “esta acción del Espíritu Santo la que nos da la sabiduría, la que nos da la paz. El Reino de Dios no viene en la confusión, así como Dios no habló al profeta Elías en el viento, en la tormenta” sino que “habló en la brisa suave, la brisa de la sabiduría”:
Así Santa Teresina - Santa Teresa del Niño Jesús - decía que ella debía detenerse siempre ante el espíritu de la curiosidad. Cuando hablaba con otra hermana y esta religiosa relataba una historia, algo de la familia, de la gente, algunas veces pasaba a otro argumento y ella tenía ganas de conocer el final de esta historia. Pero sentía que aquello no era el espíritu de Dios, porque era un espíritu de dispersión, de curiosidad. El Reino de Dios está en medio de nosotros: no buscar cosas extrañas, no buscar novedades con esta curiosidad mundana. Dejemos que el Espíritu nos lleve adelante, con esa sabiduría que es una brisa suave. Éste es el Espíritu del Reino de Dios, del que habla Jesús. Así sea.
(María Fernanda Bernasconi – RV).
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