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martes, 19 de noviembre de 2013

3. Francisco: Nuestro Padre, como un padre con su hijo, nos enseña a caminar

¡Cuánto le cuesta creer a las personas que habitan entre nosotros, que existe un Dios del amor, como un Padre que quiere a sus hijos! ¡Cuánto! Hasta Moisés que conversaba con Yavhé se afanaba en poder ver…el rostro de Dios.

“Entonces Moisés dijo: Te ruego que me muestres tu gloria… Entonces el Señor dijo: He aquí, hay un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y sucederá que al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Después apartaré mi mano y verás mis espaldas; pero no se verá mi rostro”. (Éxodo 33:18-23 LBLA)
Pero la esperanza de un día alcanzar el abrazo de un Padre que nos quiere con locura, no se puede lograr por propia voluntad. Dios que es Padre misericordioso y compasivo, se nos presenta con un corazón de carne en medio del mundo:
“En esa oportunidad, Jesús dijo: Yo Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.” (Mt 11, 25-27)
Sólo la experiencia de vida en la “persona de Jesús”, nos ayuda a ir alentando el caminar confiados, sabiendo que El siempre nos acompaña. Pero ese caminar no es fácil, porque somos débiles y limitados. Dejándonos caer en las manos del Señor, nuestra experiencia de amistad hace que su amor nos vaya conformando, moldeando según nuestra capacidad a lo largo de nuestro existir, pero que desde la libertad individual, sagrada para Dios, la aceptación de su persona, se convierte en un caminar seguro, tendiendo al horizonte de vida durante todos los días hasta el final.
Y ahí entro en la figura del Padre que abraza a su hijo, que lo acompaña en el camino como señala Francisco. Me recuerda mucho a la portada del libro “El Regreso del Hijo Pródigo” de H. Nouwen. Un Padre con manos rudas del trabajo diario que sólo le interesa la llegada de su hijo y no el mal que ha hecho. No le interesa el pecado sino la conversión del pecador. Jesús lo pone en un ambiente tremendamente familiar para ayudar a identificarnos totalmente con el Padre misericordioso.
Pero siguiendo a lo que Francisco indica, en mi experiencia de vida no es tanto la figura del Padre, que por supuesto está en mi primer nivel, sino la actitud de nosotros como hijos ante ese abrazo del Padre. ¿Siempre ha sido una actitud agradecida? Yo creo que no. Recuerdo con mi padre, que en paz descanse, estar en casa y cuando quería ocultar algo malo, rehuía su mirada… cuántas veces! Una mirada de desconfianza, de miedo, sin poder mirarle a los ojos por temor, huidizo de su presencia…
¡Cuántas veces nos convertimos en hijos cínicos que olvidamos las exigencias de nuestro Padre, descuidando nuestras actitudes, haciéndola superficial, sin profundizar ni captar su gracia, su cariño! Como mi Padre me perdona siempre… pues paso!.
La actitud verdadera, es la de un hijo que se acerca a su Padre con confianza, pero para servirle con gozo, para experimentar ese amor y poder compartirlo y darlo a conocer a todos; que vive confiado en el Amor de Dios, que le pide ayuda y sostén en los momentos difíciles de nuestra vida. El, que conoce nuestras heridas como nadie, lo que percibimos en nuestro corazón es que El las abraza para consolarnos y amarnos. Ese amor de Padre nos acompaña pero sin rehuir de ejercitar la labor de Padre. ¡¡¡Cuántos padres rehuyen de ser padres en los días actuales!!!
La mano segura que comenta Francisco, es una mano que nos cura los afectos, nos lo ordena para que nuestra actitud libre sea la de huir del reino del pecado y nos lleve al reino de la misericordia de Dios, en su amor inamovible que todo lo sana.
¿Y el mundo no ve, la felicidad de los que caminan cogidos de la mano de su Padre?
Trabajar para que ese mundo vea lo que yo veo, no es prueba de nuestro amor a Dios y de que El nos quiere?
A Dios no se le ve, como quería Moisés, pero yo veo las manos creadoras de Dios en los que trabajan por la justicia, la misericordia y el reino de Dios…
De colores.
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12 noviembre, 2013

(Romereports.com) El Papa Francisco explicó en su homilía en Casa Santa Marta que Dios nunca abandona a las personas. Su respuesta es siempre una caricia, nunca una bofetada, dijo el Papa.

Francisco
“Nuestro Padre, como un padre con su hijo, nos enseña a caminar. Nos enseña a ir por el camino de la vida y de la salvación . Son las manos de Dios que acarician en los momentos de dolor, que nos consuelan . ¡Nuestro Padre nos acaricia! Nos quiere mucho. Y también en estas caricias, muchas veces, está el perdón”.

El Papa añadió que Dios creó al hombre para la inmortalidad pero que fue la envidia del diablo la que introdujo la muerte en el mundo. Aún así, dijo Francisco, “las manos de Dios lo acompañan siempre en el camino”.

EXTRACTO DE LA HOMILÍA DEL PAPA
(Fuente: Radio Vaticana)
"Todos debemos pasar por la muerte, pero una cosa es pasar por esta experiencia con una pertenencia al diablo y otra cosa es pasar por esta experiencia de la mano de Dios. Y a mí me gusta sentir esto: “Estamos en las manos de Dios”, pero desde el inicio. La Biblia nos explica la creación, usando una imagen bella: Dios que, con sus manos nos hace del fango, de la tierra a su imagen y semejanza. Han sido las manos de Dios que nos han creado: ¡el Dios artesano, eh! Como un artesano nos ha hecho. Estas manos del Señor… Las manos de Dios, que no nos han abandonado".

“Nuestro Padre, como un padre con su hijo, nos enseña a caminar. Nos enseña a ir por el camino de la vida y de la salvación . Son las manos de Dios que acarician en los momentos de dolor, que nos consuelan. ¡Nuestro Padre nos acaricia! Nos quiere mucho. Y también en estas caricias, muchas veces, está el perdón. Una cosa que a mí me hace bien pensarla. Jesús, Dios, ha llevado consigo sus llagas: las hace ver al Padre. Éste es el precio: ¡las manos de Dios son manos llagadas por amor! Y esto nos consuela tanto".

"Pensemos en las manos de Jesús, cuando tocaba a los enfermos y los curaba… Son las manos de Dios: ¡nos curan! ¡Yo no me imagino a Dios dándonos una bofetada! No me lo imagino. ¡Reprochándonos, sí me lo imagino, porque lo hace! Pero jamás, jamás, nos hiere. ¡Jamás! Nos acaricia. También cuando debe reprocharnos lo hace con una caricia, porque es Padre. “Las almas de los justos están en las manos de Dios”. Pensemos en las manos de Dios, que nos ha creado como un artesano, nos ha dato la salud eterna. Son manos llagadas y nos acompañan en el camino de la vida. Encomendémonos en las manos de Dios, como un niño se encomienda en la mano de su papá. ¡Esa es una mano segura!"


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