Páginas

Curriculum

jueves, 23 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: 10,11 Una eterna novedad



Hay que dejarse encontrar por el Señor, pues es El quien nos encuentra siempre. La iniciativa la tiene siempre Dios. No somos el cénit, el centro de todo ya que no somos nosotros los que tomamos el impulso de actuar, de iniciar el contagio. No. Es el Señor el que, estando en nuestra búsqueda, quiere que nos dejemos sorprender por El para rehacernos todos los días. Dios siempre nos sorprende con la confusión, rompiendo nuestros esquemas anquilosados y aburridos, pero sólo por aquel que se deja sorprender. Como dice Francisco: "Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina".
Hay que permitir a Dios que nos sorprenda desde lo más hondo de nuestro corazón y desde nuestra propia comunidad, conectados unos con otros, buscando el estar atentos a las cosas pequeñas que nos pueden ocurrir para curar nuestras heridas y así poder contaminar a los demás desde su alegría. Pero para dejarse impulsar y dejarse llevar por el espíritu de la sabiduría hay que estar atento en nuestro corazón del impulso de volver a elegir a Dios siempre en nuestras acciones. Teniendo un corazón manso y sencillo como el de los niños, que quieren empaparse de las cosas nuevas que ven por primera vez, embobados con los ojos como aceitunas por todo lo que les rodea como si fuera la primera vez que lo ven y disfrutan. 

Por eso no hay nada más triste que saber lo que va a pasar hoy. Acostumbrarse a lo cotidiano es lo peor que puede ocurrirnos para dejarnos sorprender por un Dios que quiere inspirarnos su amor. Cuando nos levantamos si ya sabemos lo que va a pasar y tenemos programado el día, será un día super aburrido. ¿Y si Dios hace un milagro de esos visibles y no nos damos cuenta? Hay que dejar que el Señor haga cosas grandes en nosotros porque "Él es siempre joven y fuente constante de novedad". Unas veces nos vamos con El a rezar, otras veces nos acompaña en nuestras respuestas controladas y nuestra mirada serena ante las represalias del mundo para saber comportarnos como discípulos suyos, y otras veces nos acompaña en nuestros momentos difíciles de soledad y dolor. Una calumnia nos hace recordar que tal vez nosotros hemos dañado a otros con nuestras palabras. Una reprensión abre los ojos a nuestros defectos y nos permite valorar las cosas con menos egoísmos y con más sencillez.Si vivimos la fe en la vida diaria, poniendo a Cristo en el centro de nuestras intenciones, pensamientos y obras, el trabajo se convierte en una oportunidad  para transmitir la alegría de ser cristianos a las personas que sabemos que tiene un leguaje diferente al nuestro porque no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo. Es difícil ponerse en manos de Dios si queremos llevar la vida según nuestros proyectos, como si todo dependiese de nosotros. Es muy fácil, en cambio, confiar en El sí descubrimos que nos ama. Dios tiene planes que nosotros no podemos comprender. Casi nos damos cuenta pasado el tiempo o en otro lugar. Ahora debemos caminar con la lámpara de la fe. Con ella hasta podemos ver esas cosas que Dios nos quiere presentar según sus planes para con nosotros.
Hay que obrar el bien en todo tiempo porque no hay un tiempo para hacer el bien y otro para descuidar el amor a los demás. El amor que nos viene de Dios nos conduce a lo máximo y radical que nos dejó Jesús en el mandamiento nuevo pero inalterable: «Amaos unos a otros como yo mismo os he amado».

No hay comentarios:

Publicar un comentario