"He aquí que yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo." (Ap 3,20)
Qué importante es el silencio y qué difícil es encontrarlo porque es el único camino para encontrar nuestro interior y descubrir la presencia de Cristo en mi corazón, sólo, sólo y sólo por la gracia de Dios.
Hacer oración, dejarse abandonado y amado para refugiarse en ese abrazo de amor que siempre nos deja saborear nuestro Dios.
En el Cursillo recuerdo el descubrir que es propio de Dios hacer y es propio de mi dejarme hacer. "Señor qué quieres de mi", este es el secreto de mi felicidad, el secreto de mi vida interior.
Porque lo importante de la vida no es qué quiero yo de la vida, sino preguntarle a la vida qué quieres de mi. Lo importante de la familia no es qué quiero yo de la familia, sino qué quiere mi familia de mi. Lo importante en mi Comunidad no es qué quiero yo de mi familia de fe sino que quieren mis hermanos de mi...
Mi vida espiritual no es un hacer, no es conquistar o convencer a Dios de que soy bueno, sino mi vida espiritual es un dejar hacer a Dios dentro de mi, dejar que El me proponga cosas...
Por eso no hay nada peor que la indiferencia, el hacer sin contar. Recuerdo de niño que me gustaba una chica muchísimo. y cuando por fin me decido le dije que me gustaba mucho, y quería estar con ella. Y la chica me contestó aquello de...«Es que no me lo había planteado, no sabía ni que existías.»
Qué duro fue aquello. Es peor que decir que no, la ignorancia más absoluta.
¡Cuántas veces nos ha pasado que tú has amado mucho y al que amas te ha despreciado! Eso es terrible, es el dolor más penetrante, más agudo.
Por eso en esta Cuaresma el ejercicio más importante para mi es éste: contar con Aquel que me ama mucho más de lo que yo en mi vida pudiera amar.

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