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lunes, 5 de mayo de 2014

La vida Eterna en mi vida actual



Pero ¿qué es lo que me mueve a hacer estas cosas que uno antes no hacía, o al contrario, porqué uno ya no hace cosas que antes hacía con total normalidad, como si sólo existiera yo como centro de mi vida?¿Cuál es la dinámica que se mueve en mi vida, en mi vida interior, en la vida interior de cada uno de nosotros?¿Porqué se produce este sentimiento de sentirse empujado, arrastrado para querer estar siempre con Jesús? Porque lo peor que le podemos devolver a Dios es pensar que todo se consigue con nuestro propio esfuerzo, con sólo mis méritos.

Hay una cita que me siento tremendamente identificada con ella; es ejemplo de lo que ocurre en mi vida de fe, y nos ocurre a todos en nuestra vida personal, en nuestro tiempo de dedicación para mejorar todos los días como verdaderos discípulos de Cristo.
Fíjesen en estas palabras de Benedicto XVI en una homilía, refiriéndose a San Agustín.

Dice Ratzinger: "Unas palabras del sermón de San Agustín donde me parece extraordinariamente clara la dinámica interna de lo que significa esperar la vida en Cristo, vivir eternamente con El en medio de la vida actual"
(una frase algo larga pero nuestro coeficiente intelectual puede cogerlo no?. Vivir esperando la vida eterna, cuál es el motor que mueve esa dinámica, eso de esperar la vida con Cristo, a partir de ese injerto para esperar la vida eterna hoy.)

Y la cita de San Agustín es esta:

"Una joven dice tal vez a su prometido: no te pongas ese abrigo. Y él no se lo pone.

Le dice durante el invierno: Preferiría que fueras con una túnica corta".

(Nosotros diríamos unas bermudas ¡ponte bermudas!, le dice la novia! con 9 grados en las Javerianas, un domingo de febrero en el patio…


"Y entonces, EL prefiere helarse antes que ofenderla".

Sin embargo, ¿es seguro que ella no tiene ningún poder para obligarlo?



Lo que pregunta San Agustín es: viene la novia y dice, "sal en bermudas". Qué poder tiene ésta para obligar a este tío con el frío que hace para que salga en bermudas... O es un calzonazos, o lo tiene dominado por algún motivo, aquí hay algo... No tiene lógica, aquí hay obligación escondida... si no este tío no sale en bermudas.

Entonces contesta San Agustín ante la pregunta ¿es seguro que ella no tiene ningún poder para obligarle?



"No!!!, porque ciertamente él sólo teme una cosa, solo una cosa:

de lo contrario no quiero verte nunca más".



Claro... El se pone las bermudas por que lo que teme, lo último que quiere oír es que ella le diga: "no quiero verte nunca más". Entonces hace lo que quiera con él...

Entonces comenta Ratzinger: "esperar la vida con Cristo significa esto: no_querer_perder_ya_más_la_mirada_de_Dios, porque El es nuestra vida."



Esperar la vida eterna en mi vida hoy es esto, cualquier cosa que perder Tu mirada. Si Tu me dices que salga en bermudas, ¡Señor salgo en bermudas...! y si me dices que la iglesia me enseña una cosa que no entiendo, que no sé cómo vivir algo, pues Señor me fío... porque lo único que no quiero es que Tu me puedas apartar Tu mirada, porque Tu eres mi vida, porque lo que quiero es esta mirada continúa tuya. Eso es lo que me obliga: encontrar Tu amor. "Buscad y encontraréis"¿Quien me arrebatará el amor de Cristo? Por eso no hay que temer a Dios, lo que hay que temer es apartarse de Dios. Eso sí...

"Los que se quieren procuran verse. Los enamorados sólo tiene ojos para su amor. ¿No es lógico que sea así? El corazón humano siente esos imperativos. Mentiría si negase que me mueve tanto el afán de contemplar la faz de Jesucristo.


Comenta Ratzinger que esa es la dinámica de seguir a Cristo, de esperar la vida eterna, de estar con El para siempre. No querer ya perder la mirada de Dios. La dinámica es esa y lo explica perfectamente San Agustin: cualquier cosa antes que perder tu mirada. Porque lo que quiero es que no te vayas. El sentido de la existencia es esa: TU eres mi sentido, mi vivir.
Esto no dura siempre y cuando uno se fía de Dios, amando a los demás, dejando sus vicios, las cosas de uno y mirar a los demás pues se camina, eligiendo en vida siempre a Cristo, porque luego ya no se puede elegir...
"Buscaré Señor tu rostro". Sólo quiero seguirte a TI. Mentiría si no quiero verlo a El. No como un espejo sino cara a cara: Ver la faz de Dios, ese es mi deseo, esa es mi santidad"
En la eucaristía lo encontramos pero siempre de una forma velada y buscando cada vez más.

Joseph Ratzinger.

Así nos ve Dios: como unos supervivientes, superando los obstáculos pero siempre proyectando nuestros ojos a El, a su hermosura, a su armonía que se vuelca en ese vasito de barro que somos todos nosotros.









 

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